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UN RECORRIDO POR EL MOSAICO:

UNA NUEVA MIRADA

Historias que el tiempo no ha borrado

Hay historias que todavía podemos leer miles de años después de que alguien las contara. Están en los colores de un suelo, en las figuras de una pared, y en las pequeñas piezas que unas manos colocaron mucho antes de que existiéramos. En Bisanzio, creemos que el mosaico tiene esa capacidad de acercarnos a otras vidas, pues gracias a la resistencia de sus materiales y a su conservación, una imagen puede sobrevivir a quienes la crearon, y seguir hablando a quienes llegarán mucho tiempo después.

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Antes de llegar a tu mesa, el mosaico pasó por muchos sitios, decoró templos, contó historias en los suelos y paredes de las casas, y transformó edificios enteros, y aunque sus materiales y estilos han cambiado muchísimo a través del tiempo, la idea detrás que nos fascina, sigue siendo la misma: el maravilloso acto de construir algo que tenga sentido únicamente al trabajar minuciosamente cada pequeño detalle. 

Todo empezó con un poco de arcilla

Hace más de 5.000 años, en Mesopotamia, en el territorio que hoy conocemos como Irak, los constructores de Uruk decoraban los muros de sus recintos monumentales con pequeños conos de arcilla. Introducían la parte puntiaguda en el revestimiento de la pared y dejaban a la vista sus extremos de colores, colocándolos unos junto a otros para formar rombos, bandas y zigzags.

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Estos revestimientos se encuentran entre los primeros antecedentes del mosaico y nos muestran que, mucho antes de las teselas tal como las conocemos hoy (las pequeñas piezas con las que componemos una obra), ya existía ese deseo en el mundo, de construir imágenes fragmento a fragmento.

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Cuando las piedras aprendieron a pintar

Mucho tiempo después, en la antigua Grecia, encontramos, una vez más, ese mismo deseo que vimos en los mosaicos de guijarros de los siglos V y IV a. C. Los artesanos de la época, utilizaban pequeñas piedras de río de distintos colores para decorar los suelos y, aprovechando sus formas naturales, crearon composiciones geométricas, animales y escenas que parecían estar en movimiento.

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Con el tiempo comenzaron a emplear también pequeñas piezas de piedra talladas, cuyas formas podían ajustar y colocar más juntas. Esto les permitió conseguir contornos más precisos, transiciones de color y detalles cada vez más delicados, hasta convertir las piedras en una verdadera manera de pintar. Allí donde antes veíamos pequeños fragmentos empezaban a aparecer músculos, pliegues, sombras y miradas.

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Y esa forma de pintar quedó bajo nuestros pies

A partir del siglo II a. C., el mosaico adquirió un gran desarrollo en el mundo romano, y se extendió por casas, villas, termas y otros espacios. Los pavimentos se llenaron de animales, escenas mitológicas, composiciones geométricas y detalles de la vida cotidiana. Un suelo podía embellecer una habitación, sorprender a las visitas y expresar los gustos o la posición social de sus propietarios; así, la decoración también se convertía en una manera de presentarse ante los demás.

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Los mosaicos conservados de aquella época todavía nos permiten asomarnos a ese mundo y, si estás leyendo esto en nuestro estudio, queremos contarte que tienes la suerte de poder encontrar algunos ejemplos muy cerca de aquí.

 

Uno de estos lugares es Santiponce, un pueblito a menos de una hora de distancia de Sevilla, donde se encuentra Itálica, fundada en el año 206 a. C. y considerada el primer establecimiento romano fuera de la península italiana. Allí podrás contemplar mosaicos en los restos de las casas para las que fueron creados, relacionar sus dibujos con las habitaciones que decoraban e imaginar la vida que transcurría a su alrededor, y otro lugar donde seguir descubriéndolos, incluso más cerca, es el Palacio de la Condesa de Lebrija, aquí mismo, en el centro de Sevilla.

 

En este palacio, a comienzos del siglo XX, la condesa reunió una colección de mosaicos romanos y los incorporó como parte de la casa, integrándolos en sus patios y estancias.

Estas obras encontraron un nuevo lugar protagonista muchos siglos después de su creación, permitiéndonos hoy, recorrer una vivienda en la que conviven con gran majestuosidad, distintas épocas.​

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Del suelo, la mirada se elevó hacia la luz

Aunque el mosaico ya se utilizaba en las paredes, con el desarrollo del arte cristiano y bizantino, los interiores de las iglesias se convirtieron en uno de sus escenarios más extraordinarios.

Y para situarnos, vamos a viajar a Constantinopla, la capital imperial establecida en el año 330 sobre la antigua ciudad de Bizancio (actual Estambul), y desde donde se gobernó el imperio que hoy conocemos como bizantino, heredero del Imperio romano.

 

En esta época, el cristianismo había pasado a ser la religión oficial del Estado romano, generando que durante los siglos siguientes, la arquitectura y las imágenes religiosas contribuyeran a expresar esa fe y su relación con el poder imperial. Pero, dentro de estos espacios, el color, que a pesar de que ya tenía una larga historia en el mosaico, adquirió una presencia deslumbrante al encontrarse con la luz. Se emplearon vidrios verdes, azules y rojos junto a fondos dorados, haciendo del propio material una parte esencial de la experiencia de los edificios.

 

La escala de la arquitectura, el brillo de los mosaicos, y las imágenes sagradas, contribuían a generar admiración y una sensación de cercanía con lo divino. Algunos observadores de la época llegaron a interpretar la gran cúpula de Santa Sofía como el cielo mismo.

Dar forma a todo aquello exigía la colaboración de muchas manos expertas, incluso, siglos después de su construcción. Y es así, como distintas generaciones han logrado dejar su huella en un mismo lugar, conservando las obras que hoy han llegado hasta nosotros, esas historias de cambios, pérdidas y cuidados.

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Y mientras unas historias brillaban, otras encontraban su forma en la geometría

El viaje no termina en el mundo bizantino. Ya que mientras sus mosaicos seguían desarrollándose, otras tradiciones exploraban nuevas maneras de unir formas y colores. Y por supuesto, también dejaron su huella por Sevilla.

 

En el mundo islámico, la geometría encontró un lugar privilegiado en la decoración arquitectónica y, en al-Ándalus, una de sus expresiones más fascinantes fue el alicatado, cuyas composiciones alcanzaron un gran desarrollo entre finales del siglo XIII y el XIV.

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En esta técnica, los azulejos de cerámica vidriada se recortaban en formas que después se ensamblaban para construir composiciones mayores. Estrellas, lazos y otras piezas encajaban unas con otras, de modo que el dibujo nacía precisamente de su unión. Cada fragmento tenía una función dentro del conjunto, y la precisión del corte permitía que los colores y las líneas se enlazaran sobre la superficie. Algunos de sus ejemplos más refinados se encuentran en las decoraciones nazaríes, aquí, en Sevilla, en el palacio de Pedro I del Real Alcázar, construido en el siglo XIV, en ciertas zonas de La Plaza España, o en la Casa Pilatos.

 

Estos alicatados han formado gran parte del lenguaje del arte mudéjar, que incorporó técnicas y formas de tradición islámica a edificios promovidos bajo dominio cristiano. Siendo el testimonio de conocimientos y oficios, que atravesaron fronteras culturales y encontraron nuevas maneras de continuar.

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Otra cosa muy interesante de la misma técnica, es que si sigues con la mirada alguna de sus líneas, descubrirás cómo se cruza, gira y vuelve a aparecer.

 

La repetición y la simetría generan la sensación de que el dibujo podría continuar incluso más allá de la pared, como si lo que vemos fuera solo una parte de una composición mucho mayor. Y, sin embargo, todo empieza en algo que ya conoces: una pequeña pieza que encuentra su lugar junto a otra.

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Siglos después, las piezas también encontraron libertad en las curvas

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el modernismo abrió otras posibilidades para el mosaico: El trencadís, realizado con fragmentos irregulares de cerámica y otros materiales, el cual permitió cubrir superficies curvas con composiciones llenas de libertad.

 

Con Antoni Gaudí, el mosaico abrazó bancos, fachadas y formas que parecían crecer como la naturaleza. En estas obras, una pieza rota podía encontrar un nuevo lugar. El borde inesperado, la curva de un fragmento o parte de un dibujo anterior pasaban a formar parte de una composición diferente, y esa manera de trabajar, permitía descubrir posibilidades en materiales que parecían haber llegado al final de su uso.

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Y aunque la ciudad de Barcelona reúne algunos de los ejemplos más conocidos, dentro de España, esta historia también tiene una parada cerca de Sevilla. En Alcalá de Guadaíra, el Puente del Dragón, inaugurado en 2007 y proyectado por los ingenieros José Luis Manzanares e Íñigo Barahona, con sus 123 metros, cruza el río convertido en una enorme criatura recubierta de mosaicos, mostrándonos hasta dónde puede llegar esta increíble manera de crear.

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Y ahora, esta historia continúa entre tus manos

El mosaico sigue cambiando y encontrando su lugar en esculturas, espacios públicos, objetos cotidianos y obras personales. Cada época aporta sus materiales, sus colores y sus historias, y hoy, en esta mesa, tú también estás tomando esas decisiones. Quizá has cambiado un color, has encontrado una forma que no esperabas o has descubierto que aquella pieza que parecía no encajar, tenía su lugar.

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Después de tantos siglos, sigue ocurriendo algo muy sencillo y extraordinario: unas pequeñas piezas se encuentran y, entre tus manos, empiezan a ser algo nuevo.

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El mosaico, vuelve a ser la prueba de que las cosas no terminan al romperse, solo se transforman.

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Y, si has llegado hasta aquí, esperamos que esa transformación también te haya movido algo por dentro: la gracia de crear algo con tus manos, una idea que antes no estaba, o un momento de calma que necesitabas para poder ver en perspectiva y acomodar unas cuantas piezas.

 

Si, además de llevarte tu mosaico, hoy te llevas algo de eso, en este estudio, sentimos que nuestro trabajo ha tenido sentido.

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Gracias por compartir tu tiempo y tu historia con nosotros.

Por permitirnos seguir manteniendo las enseñanzas del mosaico vivas.

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Con amor,

Bisanzio Mosaic Studio

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